sábado, 30 de enero de 2016

IGUELDO

Es lo que tiene esto de escribir sobre restaurantes, que en ocasiones las recompensas son tan grandes que es como si fuera el día de Reyes: ilusión y magia.
Esto es lo que nos pasó el otro día en el restaurante Igueldo de Barcelona. Llegamos de casualidad, sin referencias, preguntándonos como puede haber un restaurante en la calle Rosellón, tan cerca de la Cervecería Abadía, lugar de encuentro habitual, y que nunca lo hayamos visto.
El local invita, sobrio, práctico y con una extraordinaria bodega al fondo. Una carta extensa y que refleja los orígenes de los propietarios. 
Fuimos decididos a comer la Chuleta, pero en una primera vista ya nos llamó la atención alguno de los platos que se anunciaban.
Tienen medias raciones, lo que fue la mejor solución para poder probar todo aquello que nos apetecía y que la verdad era todo lo que íbamos leyendo.

Como aperitivo nos sirvieron un hojaldre de chistorra con una vinagreta de mostaza en grano y miel. Los inicios ya eran prometedores porque estaba delicioso.


De primero, alcachofas a la brasa con huevo y tocino.
Un plato de temporada que estaba bien elaborado: rico, delicado en sabor pero, y quizá la que fue la única nota discordante de la jornada, le faltaba temperatura.


Siguieron unas croquetas caseras. Deliciosas, unas croquetas de gallina con un sabor intenso y una bechamel jugosa y delicada. De las mejores que he probado. Un 10.




Y después unas Alubias de Tolosa con su guarnición. ¡Qué buenas estaban!, y qué buenas son cuando están bien hechas. Todo un acierto de confección y de presentación, con la guarnición puesta en un bol aparte, con su berza, chorizo, morcilla, tocino, guindilla, en fin...



Y para terminar el Chuletón de Oyarzun. Con un bol de ensalada y piquillos. Pues en la misma línea. Una chuleta extraordinaria, corte grueso, tierna, perfecto su punto de cocción. Una auténtica maravilla. En este punto, pedir disculpas al no haber tenido la habilidad de hacer una fotografía de la carne por su interior, hubiera sido, sin duda, la mejor manera de apreciarla en todo su esplendor.


Postres, los había y con muy buena pinta, pero después de semejante festín, lo que no había era capacidad para digerir nada más. Queda en el "debe" esa cuajada con tocinillo de cielo.
No me preocupa en absoluto; volveremos y lo haremos pronto. Han quedado muchos platos en el alero, muchos platos que pienso venir a probar: entre ellos, un arroz en costra con cigalas que se estaba comiendo nuestro vecino y que tenía un aspecto inmejorable. Tampoco pienso dejar de probar el cochinillo confitado con patata mortero y, por supuesto, esos raviolis de jamón ibérico y foie.


Una botella de Carmelo Rodero y dos cafés fueron la culminación de una jornada en plena campaña de Navidad, extraordinaria.
Felicidades a los artífices y nos volveremos a ver. (Aunque no sepáis quién soy).
Por cierto, todo lo descrito 119 €. Es decir, 60 € por persona, aunque la verdad, pedimos demasiado.


IGUELDO          C/ Rosellón 186 · 08008 Barcelona · telf. 934522555

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