41 º

Quizá lo más lógico sea empezar por aclarar lo que me animó a escribir este blog.
El pasado miércoles día 19 de este mes salimos a tomar una copita y a cenar. Mi propuesta fue sencilla, vamos a conocer el nuevo local de los Adrià, se llama 41 grados, y está situado en la Avda. del Paralelo nº 164 de Barcelona. La primera sorpresa fue encontrar un portero que muy gentilmente te abre la puerta, al estilo de los mejores restaurantes de Madrid, pero muy poco usual en nuestra ciudad. Una vez dentro encontramos un local moderno, bien decorado, muy buena estética, con el techo totalmente libre donde se pueden observar las instalaciones eléctricas y demás aparatos necesarios, tonos bastante neutros y tanto el mobiliario como sillas y sillones de gran confort. Las calaveras de unas cuantas  cabezas de toro tuneadas, con sus astas, adornan las paredes.
Pero vamos a lo que nos interesa, pedimos dos “Tom Collins” para mí el cóctel ideal para tomar después de trabajar, y como primera copa. Las comparaciones son odiosas, siempre se ha dicho, pero necesarias. Tomar un Tom Collins en el 41 grados, y hacerlo en el Negroni (Joaquín Costa, 46), es como la noche y el día. En ese sentido hay mucho, pero mucho que mejorar, aunque también es verdad que con un solo cóctel no se puede juzgar  a un local.
En el caso del 41º es aún más complicado juzgarlo, cuando no sabes quién es el autor del mismo, me explico. Una de las cosas que más nos chocó, es que para atender el local, de reducidas dimensiones, había cara al público 7 personas, aquí no está sumado el portero, si, si siete personas, sin contar las que supongo que estarían en la cocina preparando los snacks. Evidentemente que cada uno dirige sus negocios como quiere y por lo tanto es libre de dar trabajo a cuantas personas quiera, que por otro lado tal como está el país, es de agradecer, pero la realidad era otra, te sientes como observado, poco relajado y en ocasiones hasta agobiado, un dato, eran las 19.00 h. y había en el Bar 18 clientes, a 2.5 empleados por cliente, no está mal.
Los snacks sensacionales, las cosas como son y “al césar lo que es del césar” tomamos corteza de cerdo “que viva México” y el famoso corte helado de parmesano, sensacional, la verdad sensacional. Total: 32 €; cada copa cuesta 12 €, igualito que sentarte en la terraza del Hotel Mandarín Oriental y tomarte un Gin Tonic y, hoy por hoy de local a local y de situación a situación, no hay color.
Suerte en esta aventura, mucha suerte, pero en ocasiones para hacer un coctel no solamente hay que tener la receta y los ingredientes, lo mejor es aprender de los que llevan años y años haciéndolo y en ese sentido el Tom Collins es muy mejorable.
Lo seguiremos intentando.

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