CARBALLEIRA

Visita a un clásico entre los clásicos, a un restaurante barcelonés de toda la vida que muchos habíamos olvidado o quizás la gran oferta existente en la ciudad hace que no pensemos en él. Lo conocía de hace años, muchos años, quizás era uno de los preferidos de mi padre, sin duda.
La máxima de Carballerira es la calidad, no hay duda, el pescado y el marisco siguen siendo de extraordinaria calidad y los platos de toda la vida, esos que solo puedes comer aquí, pues siguen pasando de mano en mano, consiguiendo exactamente el mismo sabor y la misma calidad que hace 25 años.
Para empezar pedimos un pica pica, unos erizos, extraordinarios, frescos como no podría ser de otra forma; no hay que olvidar que es extraordinariamente perecedero y de difícil conservación.
Los sirven crudos, cortados diametralmente y solamente rociados por una gota de limón. Un manjar.
Después, unas cigalas a la plancha, de esas cigalas que haberlas haylas, tamaño correcto, esas cigalas que solamente, y para mi gusto, pueden ser superadas por una gambas de Vilanova o Palamós, pero ni siquiera la tan loada langosta es capaz de hacerle sombra. No hay secreto y una buena plancha, una plancha bien tratada, potencia el sabor. La verdad es que estaban riquísimas.
Y como no, no podía faltar la tortilla de Betanzos. La textura y el sabor hacen honor a tan significado plato, del que tanto se habla y que nadie o casi nadie que traspasa la puerta de Carballeira se resiste a poner en su plato. El secreto, excelentes huevos, poco batidos, patata diminuta, hervida, chorizo de la zona y todo ello cuajado lo suficiente, pero no del todo. En la foto está cortada por la mitad para apreciar lo comentado.
Como teníamos hambre y los primeros fueron ricos pero poco contundentes, nos lanzamos a por otro de los clásicos de la casa, el “arroz a banda”; ese típico arroz de la costa levantina que a mí personalmente me entusiasma, si es buena. En realidad me encantan todo tipo de arroces, que le vamos hacer. Estaba bien elaborado, en su punto exacto de cocción o como a mí me gusta, un punto duro, vamos al dente. Sabroso y con un extraordinario sabor que demostraba un fumet bien trabajado. Felicidades.
De postre unas orejas de fraile, una de esas recetas de la cocina de pobre que se está perdiendo y que no tiene más que huevos, harina, aceite, mantequilla, azúcar, vino blanco y anís.
En nuestro caso la rociamos con un poco más de anís y lo acompañamos con un meo amores.
Para beber nos tomamos un Chardonnay de Raimat. 
Lo aquí expuesto costó ochenta euros, que con lo que pagas en ocasiones por 4 montaditos, no está nada mal.
Un servicio amable, correcto y educado. Camareros que empezaron a trabajar en esta casa y se jubilarán en ella, con la lección bien aprendida y extraordinarios vendedores.
Felicidades al Carballeira, del que tenemos que decir que es decano de los restaurantes  gallegos en Barcelona y a fe que mantiene esta distinción con mucha dignidad.
CARBALLEIRA  C/ Reina Cristina nº 3 · 08003 Barcelona · Telf. 933101006

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