viernes, 24 de junio de 2011

DAIQUIRIS EN LLORET

Antes que nada quiero dar una pequeña pincelada del porqué del título. La Associació de Bars i Restaurants de Lloret, así como el Gremi d’Hostaleria de Lloret tuvo a bien nombrarme miembro del jurado del primer concurso de daiquiris que se celebraba en la ciudad y dentro del marco de “La fira dels americans” Els indians de Lloret de Mar.


Tuve la suerte y el placer de compartir tan distinguido honor con Quico Boadas, uno de esos personajes que hay que conocer en la vida, un estudioso de lo que le gusta, profesor de coctelería, gran experto en la materia y conocedor como ninguno de la historia del daiquiri. El domingo 19 de junio dio una clase magistral sobre el tema. Fue un placer “aprender”. Hay que felicitar a estos señores que con sus iniciativas privadas tratan sin desfallecer de poner su ciudad en el lugar turístico que se merece. Una ciudad con 32.000 plazas hoteleras de las cuales el 75% son hoteles de 3,4 y 5 estrellas. Sí,  sí, Lloret cuenta con tres establecimientos de 5 estrellas y por este motivo se convierte en una población no sola atractiva por el turismo de playa y sol, sino también por las posibilidades que tiene para la celebración de congresos, ferias o reuniones de empresa.



El objetivo de señores como Manel Casademunt, Josep Franch , Quico Boadas y muchos otros, y siempre desde la inicitiva privada, con su carácter activo y emprendedor, no es otro que dignificar la ciudad y dar a conocer esa otra imagen que tiene Lloret, ese turismo de calidad, esos grandes establecimientos turísticos con un nivel y un servicio que pocas poblaciones costeras catalanas pueden ofrecer, el culto por lo bien hecho se demuestra en establecimientos como Hula Hula donde tomarte una copa es un gusto, donde sentarte con los amigos a disfrutar de un buen cóctel es un autentico placer, el Cala Banys un lugar donde perderse y relajarse a la orilla del mar, un marco magnífico, o el Ilegal de Miquel Gaitan



Restaurantes como el ya comentado en este blog, Mas Romeu en la figura de Jordi Garriga, ese gran estudioso y aficionado de lo tradicional, uno de las alma maters de las exitosas jornadas de l’Arròs de l’art, el Trull, que fue el primero de todos los restaurante que conocí en Lloret hace ya unos cuantos años, o el gran descubrimiento de este fin de semana, el Freu, del que os hablaré en capítulo aparte.


Sobre los daiquiris y el porqué de su ancestral relación con Lloret, diremos que procede del año 1914 cuando Constantí Ribalaigua, (también conocido como Constante) oriundo de Lloret de Mar, ingresó como “mesero” en el Floridita de la Habana, y cuatro años más tarde se convertía en el dueño del local, y circula alguna teoría de que fue el lloretense Ribalaigua el verdadero inventor del daiquiri.



Constante era un hombre de estatura regular, bien plantado, muy serio. Afable, pero parco. Entablaba el diálogo solo cuando el cliente buscaba conversación. Bebía tan poco que casi podría decirse que era abstemio. En fiestas particulares, si asistía a alguna, no era raro que se diera su trago, pero en el Floridita lo hacía únicamente cuando no podía eludir el compromiso. Creaba un coctel para un cliente y jamás lo cataba antes de servírselo ni después.


En la década de los años 30, Hemingway se instaló en el Hotel Ambos Mundos, muy cerca de Floridita, bar del que se hizo habitual y en el que acostumbraba beber daiquiri casi todos los días y, especialmente, la variante Papa Doble, creada en su nombre y llamada así debido a que en Cuba se conocía afectuosamente al escritor como "Papa". Incluso cuando se mudó a Finca Vigía, en las afueras de La Habana, habitualmente viajaba hasta la capital para beber su daiquiri favorito en el que él llamaba "el mejor bar del mundo". Dicen que todavía hoy se siente el espíritu de Constante en el recinto, ataviado con la máxima etiqueta gastronómica, con dominio total del escenario-bar, combinando con sabia y alquimia cada elemento, administrando el toque exacto de uno de los imprescindibles componentes de más de 150 cócteles: el jugo de limón, con frutas que él mismo cultivaba. No podían faltar el ron blanco y la irreemplazable azúcar, y en ocasiones se incorporaban también otras frutas tropicales como la toronja, la naranja, y la piña.



El célebre escritor estadounidense Ernest Hemingway se declaró admirador de la bebida en un pasaje de su novela Islas en el Golfo, cuando dice: “La bebida no podía ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna otra parte del mundo”. Al igual que Hemingway, muchos opinan que el mejor daiquirí se prepara en el bar El Floridita, en La Habana. La receta original incluye ron blanco, limón, azúcar y hielo y se sirve en copa de cóctel. La versión Floridita lleva cinco gotas de marroquino, ese licor glutinoso y dulce, y se sirve prácticamente hecho granizo. Un escritor inglés a quien Héctor Zumbado cita sin mencionar su nombre en El sexto sentido del barman, vio trabajar a Constante en los años 30.



Expresaba: “Seis de ustedes visitan el Floridita y piden Mary Pickfords. Un muchacho exprime la piña mientras que otro ayudante llena con hielo seis vasos a fin de enfriarlos. Cuando el jugo de piña está listo, Constante lo vierte en una coctelera gigante, toma la botella de ron y, sin mirar, echa una cantidad en la coctelera. También sin mirar, echa en la coctelera el curazao o la granadina. La bebida se bate pasándola de una coctelera a otra, con lo que se forma un semicírculo en el aire. Esta proeza se repite varias veces y Constante entonces saca el hielo con que enfrió los vasos, los coloca en hilera sobre el mostrador y con un solo movimiento los llena todos. Cada vaso queda lleno exactamente hasta el borde y en la coctelera no queda una sola gota. Vale la pena visitar La Habana solamente para ver a Constante en acción”.



Existe otra versión, la de mi compañero de jurado Quico Boadas, profesor de coctelería, experto barman de Lloret y familiar del prestigioso Miquel Boadas. Éste sostiene que fue su antepasado el que inventó el famoso “Daiquirí”. Fue recibido en Cuba por Constante, que ya conocía las buenas artes de Boadas, éste era el experto en la mezcla de licores y sabores, quien se cuidaba de tener organizado el bar.




Constante era el relaciones públicas y Miquel el creador, el artista. Resumiendo, que entre Lloretenses andaba el juego y nadie tiene que restar un ápice a Boadas en su contribución a hacer de el Floridita uno de los bares más conocidos del mundo. De obligada lectura un artículo de Carlos Herrera F"loridita, Boadas y Lloret de Mar".

http://www.carlosherrera.com/web/index_new.asp?Tipo=AR&IdMedio=10&IdPadre=266&Pagina=1

En definitiva, considero que este primer concurso de Daiquiris de Lloret de Mar es otra forma que tienen los organizadores y participantes de rendir homenaje a todos esos paisanos que portaron el nombre de su ciudad por el mundo, orgullosos de ello. Desde aquí mi apoyo, consideración y gratitud.

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