sábado, 10 de septiembre de 2016

EL CAPRICHO

Viajamos de lejos, de muy lejos para probar esta carne de la que tanto y en tan diversos foros se habla. Casi cruzamos toda España junto con nuestros buenos amigos los Torres y los de Moy. Cuando abandonábamos el restaurante nos encontramos a un personaje singular y nos explicó el porqué del nombre.


Una cueva que se cavó a pico y pala durante tres años, tres años seguidos trabajando sin la posibilidad de meter una máquina de soporte o ayuda. Evidentemente, al finalizar el nombre estaba definido y decidido: “El Capricho”.


La carne estaba decidida, a eso vinimos, pero primero llegaron los entrantes sobre los cuales nos dejamos aconsejar, y hay que decir que acertamos en todos y cada uno de ellos.
Una estupenda cecina, la verdad fue sorprendente, al igual que su precio, todo hay que decirlo, tan buena como cara. Repasando la cuenta caigo en la circunstancia de que se trata de cecina de buey Premium.


Unas deliciosas croquetas, melosas, suaves pero de sabor intenso y con un crujiente rebozado. Muy buenas.


Unas fenomenales y extraordinarias alubias de la Bañeza, un plato de cuchara de la zona que para un día feo y lluvioso fue un gran acierto el pedirlo. Al igual que el resto de primeros, muy bien.


Por último en lo referente a entrantes y como plato estrella para varios de los comensales, unas extraordinarias ancas de rana. Con una excelente salsa, un puntito de picante, con ese sabor tan neutro pero a la vez fino y delicado. Estaban geniales y hay que felicitarlos por ello.


Como fin de fiesta el famoso, auténtico, genuino, inimitable chuletón de buey. Sí señores, de buey auténtico, nada de vaca vieja, nada de sucedáneos ni imitaciones, el “buey de El Capricho”.


Nos dejamos aconsejar y así pudimos degustar dos tipos de chuleta. En primer luga,r la Premium, de la que nos sirvieron 2.15 kg y sobre la que poco hay que decir. Solamente a los amantes de la carne roja, que empecéis a organizar una excursión a este paraje de la provincia de León donde creo que nadie puede salir defraudado.
Luego, y al revés que el vino en las bodas de Caná, nos sirvieron la otra chuleta. 1.4 kg de chuleta de buey.


También estaba delicioso, quizá no tan melosa como la Premium pero sí con la misma intensidad de sabor. En ambos casos el punto de la carne era el idóneo.

La diferencia está en el tiempo de maduración, nos comenta la propiedad que en el caso del Premium es de 3 meses en cámara. Hay muchas discrepancias en esto del tiempo de la maduración, pero demos por bueno y certera la fuente, que no es otra que el dueño. Este tiempo de maduración se decide en función de unos parámetros como son la edad, el carácter, trabajo, grasa y raza y en función de todo esto se determina la cámara que necesita el animal. Animales que en algunos casos llegan a pesar 1600 kg en vivo.

Para la realización utilizan brasas de carbón de encina y utilizan una parrilla que dispone de dos alturas. La primera para lo que denominan el templado, la segunda para el asado. Cuando finaliza el asado y está en su perfecto punto se procede al salado.

Todo fue regado con un magnum de Mauro.


En el apartado de postres tampoco se queda a la zaga en lo referente a la variedad y calidad. En nuestro caso degustamos un helado de azafrán, coulis de melocotón y espuma de yougurt.


Flan de huevo, de los de antes, casero y poco cuajado, delicioso.


Torta de buey, helado de galleta con agar de café y espuma de chocolate blanco.


El precio para 6 personas fue de 622 €. Aquí tenéis la cuenta:


Como colofón a esta jornada tuvimos la ocasión de adentrarnos en el campo y poder visitar la finca donde pastan y se crían estas espectaculares bestias, donde su propietario las mima y cuida con una dedicación muy especial. 


Cuando los ves, tan mansos pero tan inmensamente grandes, te das cuenta del porqué tenemos que conseguir poner el apellido correcto a lo que comemos y porqué entre todos tenemos que acabar con el engaño de la vaca vieja, que está muy bien y es en ocasiones dignísima, pero nada que ver con el majestuoso buey Y cuando vayamos a esos asadores tan afamados donde en sus cartas pongan sin ningún tipo de rubor ni vergüenza “chuletón de buey” nos digan la verdad y por lo tanto “al buey lo que es del buey “.



 EL CAPRICHO     Paraje de la Vega s/n · 24767 Jiménez de Jamuz, León . Telf 987664224

sábado, 27 de agosto de 2016

OroViejo

Uno de los descubrimiento de la temporada, y faltaría a la verdad si no adjudicara el mérito a la persona que me lo recomendó. El Sr. Jordi Martín, conocedor como nadie de lo que “se cuece” por esta magnífica, y para mí, entrañable ciudad.


El día de antes de ir a comer, pasé por la noche, me senté en su magnífica terraza y me pedí una copa de vino acompañada con un buen plato de jamón de “La hoja del Carrasco”; bueno, sólo esto ya es una garantía, conozco "la hoja del Carrasco" desde hace años, soy cliente y os puedo garantizar que es difícil encontrar un embutido de esta categoría y, a su vez más difícil aun, ver como un negocio de más de 100 años continua con esas ganas de agradar a sus clientes y trabajar todo lo que nos da el cerdo, que es mucho, con tanta sapiencia y dignidad, que es lo más importante.


Llego el día y entramos en esa sala abovedada tan agradablemente decorada y tan apropiada para disfrutar de un buen almuerzo.
Como aperitivo, la casa nos invitó a un refrescante y sorprendente gazpacho de sandía.


De primero, unos huevos poché sobre patatas chips, crujiente de jamón y virutas de foie.
Yo creo que es de esos platos que ya por si solo su enunciado lo dice todo y más en este caso en que todos y cada uno de los ingredientes mencionados se pueden ver y saborear con total nitidez. Bonito y armónico entrante, a la vez que placentero en su sabor. Todo un acierto.


Tampoco se queda cojo el segundo entrante que compartimos. Se trata de un Pulpo a la brasa con espuma de tortilla, trigueros y pimentón. El pulpo con la potencia que es capaz de darle la brasa, el toque del pimentón y rebajado con la espuma. Sorprendente a la vez que exquisito.


Pasamos a los platos principales, unos lomos de salmonetes, crema de gambas, tirabeques y pan de tinta. Pues más elogios y no gratuitos. Como bien sabéis los que me leéis habitualmente, uno de mis pescados preferidos es el salmonete; es especial y pocos encontraremos en nuestros mares con tanto sabor. En este caso limpios, que es lo incómodo de este pez. Las guarniciones que lo adornaban para nada mataban lo importante de el protagonista, su sabor.


Seguimos con una paletilla de lechazo con patatas panaderas. Nada que objetar, un plato castellano 100% y tratado con la nobleza de la tierra.


De postre compartimos una milhojas de crema pastelera, galleta de naranja y helado de mango. Creo que en esta ocasión puede la propia fotografía explicar los pormenores del postre mejor que yo. Sólo añadiré mi nota. Otro sobresaliente.


Acompañamos esta gran comida con un Carmelo Rodero, “otro buen amigo” que nunca falla.


El precio con cafés y aguas fue de de 109 €.
Visito esta ciudad un mínimo de dos veces al año, y puedo asegurar que desde ya, OroViejo se convertirá para mi, en parada obligada. Sin duda alguna.
Pasear por la ciudad, descubrir sus rincones, que los tiene y a decenas, sentarnos en la Plaza Mayor a descansar y pasar por este local a degustar una buena cena, será el colofón a una jornada inolvidable. De verdad.

OROVIEJO      Plaza San Benito nº 5 · Salamanca · Telf. 923215492


miércoles, 29 de junio de 2016

MOLINO DE PALACIOS

Mucho que escribir sobre un fantástico fin de semana en la vallisoletana población de Peñafiel. Una jornada que se inició con la visita a la magnífica factoría que Santiveri posee en esta preciosa población. Sorprendidos de lo visto, sólo nos quedaba dejarnos sorprender más, y de eso se encargaba nuestro "guía y magnifico anfitrión" Jorge Torres.


Nuestra primera parada fue en el Molino de Palacios, un auténtico y genuino asador castellano del que Jorge nos había hablado maravillas y, la verdad, de manera acertada.
De primero nos sirvieron una magnífica cecina, con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Estaba deliciosa, fina pero sabrosa, fuera de cámara como debe ser y servida a esa temperatura a la que se tiene que servir el buen embutido.


Revuelto de bonetes, setas de la zona, bien presentado y confeccionado; otro gran acierto. Los bonetes estaban también acompañados por unos estupendos espárragos trigueros.


Alcachofas confitadas y servidas con una yema de huevo. Ricas, últimas de la temporada y por lo tanto, apreciadas en su valía.


También compartimos unos tomates ecológicos servidos con su cebolla, un buen aceite y sal Maldon. Nada más, porque si la materia prima es la que es, no hace falta nada más.


Y llegó el leit motiv de la visita. El lechazo,  ese famoso lechazo que ha hecho famosa a esta tierra, ese lechazo que cuando está bien asado y el animal es el que tiene que ser en su edad y crianza, no hay nada que se pueda igualar.
Y doy fe, y lo digo con plena y absoluta sinceridad, que es de los mejores lechazos que he tomado y por mi condición de amante de esta región, por la familiaridad que tengo con ella y porque los orígenes de mi familia están aquí, que sé de lo que estoy hablando. Y es que el lechazo nos es más que eso, primero la materia prima y luego la técnica del asado.
Tierno, jugoso, meloso, sabroso, no me caben más adjetivos y es que aquí saben asar y tienen proveedores de confianza. Felicidades por hacerlo tan bien y gracias por hacernos disfrutar.


El lechazo, del que nos comimos tres cuartos, venía acompañado de su ensalada con cebolla morada y patatas fritas... ¡pero de las buenas!


Para pasar todo esto y estando en el santuario del vino, degustamos un Carmelo Rodero que, como siempre, no defraudó a nadie; y probamos otro vino de la zona que en este caso no lo conocíamos, un Ebano crianza, que suscitó división de opiniones.
Postres varios, caseros todos; en mi caso, un magíifico hojaldre de nata con chocolate caliente.


Un sitio de visita obligada si se está por esta zona porque no sólo se come bien, además dispone de un restaurante que fue un antiguo molino, pasa el agua por sus bajos, y dispone de una preciosa terraza donde poder tomarse una copa junto al río. 


Una remanso de paz para desconectar.
Volveremos.

 MOLINO DE PALACIOS Av. Constitución,16 ·47300 PEÑAFIEL. VALLADOLID · Tel. 646 203 770

sábado, 11 de junio de 2016

Azarina Fussion

Esta vez fueron los amigos Pedro Legaz y Cesar  Puyal, los que me ayudaron a descubrir otro gran local de la capital Aragonesa.
Zaragoza es excepcional en este sentido y si te dejas llevar por la gente de aquí podrías estar escribiendo permanentemente sobre grandes restaurantes y bares de la ciudad y alrededores.


Esta vez fue el Azarina Fussion, un local junto a la “Misericordia” y al hablar del mismo lo haremos con mayúscula ya que se lo merece, por el trato, la simpatía y por lo que realmente nos interesa la calidad de su vianda.
La carta ya de por si es sugerente, amplia, muy extensa y que al que visita por primera vez el local se te hace complicada la elección.
Un primer vistazo a la misma ya se ve la devoción por las setas,  Boletus con trufa y foie, trompetilla amarilla, revuelto de setas etc. vamos que a los que nos gustan estamos de enhorabuena.


Una mesa de 6 amigos fue esencial para poder degustar un excelente pica pica que no nos dejo indiferente a ninguno por su calidad y sobre todo por lo cuidado del producto presentado.

En nuestro caso compartimos una ensalada de espárragos que no se si eran o  no pero estaban “cojonudos” acompañada con salmón y una excelente vinagreta.



También una magnifica ensalada de tomate de los de antes, de esos de huerta buena, de los que tienen sabor y en definitiva son tan difíciles de encontrar hoy en día. La ensalada iba con ventresca.


No pudimos dejar de pedir también los espárragos naturales, se trataba de comparar, y tampoco defraudaron.


Por último unos magníficos caracoles a la llauna.


De segundo cada cual lo suyo, en mi caso una lubina salvaje cocinada a la donostiarra que estaba impresionante, nada que objetar quizá su tamaño ya que había podido servirse para una boda.


El plato que más me impacto por su originalidad presentación y por ser la primera vez que lo veo, fue unos huevos rotos con carabineros y ajetes tiernos.
Una delicia en boca porque un huevo frito de por sí es un manjar pero acompañado por el carabinero, bien exprimido, aprovechando hasta la última gota de la suculenta cabeza del crustáceo y por supuesto todas la potencia del sabor a mar de este bendito habitante de nuestros mares. La foto es anterior al proceso y en este caso arte de "romper" el plato. Es parte fundamental del plato la conjunción de todos los sabores. 


Por último tengo que decir que después de tiempos inmemorables, volví a ver como alguien tiene la delicadeza y sapiencia para cuando un cliente te pide un Steak Tartar, hacértelo delante suyo. Lo probé, estaba estupendo y como debe ser al punto del cliente y no del cocinero. Buena carne, cortada a cuchillo y tratada con mimo.


Por ultimo un rape a la brasa, que al igual que la lubina y por los comentarios de Cesar estaba estupendo.



Todo lo aquí descrito fue regado por varias (tres) botellas de Muga, ese vino tan bien elaborado y que nunca jamás decepciona.
No hubo lugar para postres pero sí para un excelente Gin Tonic en la magnífica terraza que dispone el local.
De verdad, los de la zona no dejéis de visitarlo, no deja indiferente a nadie y si hay que poner un pero, que casi siempre lo hay en la sonoridad, el ruido en ocasiones se apodera de la conversación y es un tanto incomodo, pero como diría aquel “a que hemos venido hablar o a comer”. Pues eso.

Precio medio por persona sin privarse de nada 40 € aunque hay que añadir que a las copas fuimos invitados.

Felicidades.


C/ Ramón Pignatelli - 124           Zaragoza                 Telf. 976 09 66 06

viernes, 20 de mayo de 2016

VIVANDA

No conocíamos este restaurante al que nos llevo nuestro buen amigo Jorge Torres. Si es cierto que había oído hablar y siempre bien de él, pero no había tenido el gusto y placer de visitarlo.
Lo primero que hay que resaltar y realmente impacta al entrar, son las grandes posibilidades que tiene el local, lo bien estructurado que está y su gran capacidad.
Cuenta con una terraza que estoy absolutamente convencido que debe ser “La deseada” con la llegada del buen tiempo. Y cuando un local con estas posibilidades es acompañado de una cocina moderna, bien estructurada y donde el producto es pieza fundamental de la misma, el éxito está casi casi  garantizado.


En la cena éramos seis comensales y pedimos varios primeros que relataré, todos ellos compartidos. Del plato principal hablaré del mío.

Unos boquerones a la andaluza (9 €) que estaban extraordinarios, frescos y perfectamente fritos, sin restos de aceite por ningún sitio, en resumen preparados para poder disfrutarlos por la noche sin pensar en sorpresas digestivas.


Ensalada de judía verde y foie (9 €). Otro sorprendente plato, propio de la época estival, fresco, suave a la vez que sabroso. La verdura rica y cocida al dente. Muy bien.


Ensalada de alcachofas (11 €). Fue ponderada por todos los miembros de la mesa, los que me siguen ya saben que el verde y yo…….


Mejillones de roca a las tres salsas (8 €), otro gran acierto. Perfectamente cocinados, con todo su sabor y acompañados por vinagreta, marinera y romesco. Bueno y vistoso este plato.



La gran croqueta de jamón (2,20 €) y así es. “Gran” en todos los sentidos, en su tamaño, en su sabor, en su fritura y en lo melosa de la misma. Todos estos adjetivos hacen que la construcción de una gran, por tamaño, croqueta aumente su dificultad y aquí está perfectamente resulta.


Patatas bravas rustidas (4,50 €). Para mí el único pego a esta extraordinaria cena. Las encontré quizá demasiado aceitosas. Ya sabemos que en esto de las bravas hay cantidad de posibilidades y maneras de elaborarlas. A mi esta, en concreto, no me convenció.


Tortilla de patatas con chorizo (8 €). Plato que solamente he probado, y siempre que lo visito lo hago, en el Carballeira. Es extraordinaria su tortilla de Betanzos, sencillamente extraordinaria. La del Vivanda está rica, sabrosa y sobre todo muy jugosa.


Como plato principal y aconsejado por Jorge, disfruté de unos exquisitos salmonetes con su berenjena escalibada y farigola (13 €). Un excelente plato, ligero, donde el salmonete y el sabor intenso de su carne hacen de él unos de los pescados, para  mi gusto, más exquisitos. Un gran acierto el acompañamiento de la berenjena escalibada, perfecta armonía. Felicidades.


En el apartado postres la mención es especial, quizá por el acierto en pedir, pero dos que probamos eran dos sobresalientes.
El primero de ellos un Pastisset caliente de manzana (7 €), hay que pedirlo con tiempo, 20 minutos, pero lo aconsejo, no tengan miedo es fino, delicado y dulce.


El segundo una Torradete de Santa Teresa (6 €), vamos una torrija de toda la vida, la única diferencia es que ésta hay que comerla todo el año, tiene que estar presente en la carta por los siglos de los siglos y no tener que esperar a la Semana Santa para deleitarnos con ella.


Para beber un Carmelo Rodero. Excelente, siempre equilibrado y bueno.
Felicidades a la gente de Vivanda por este conjunto tan bien resuelto, local, decoración, terraza y buena vianda.

VIVANDA          Major de Sarrià, 134 ·08017 Barcelona  . Telf. 932031918