viernes, 4 de noviembre de 2016

ESTIMAR

Visita al tan laureado, alabado y ensalzado restaurante “Estimar” en el Born.
La verdad, en esto momentos delante de mi ordenador y a la hora de ponerme a valorar este local se me vienen diversas sensaciones y motivaciones todas ellas contradictorias.


¿Comimos bien? Pues sí, no tengo que engañar a nadie. Excelente materia prima muy bien tratada.
¿Pagamos lo que comimos? Pues no, es un autentico timo, por no decir un atraco.
Lo peor del tema es que antes de la visita, uno lee a los ilustres críticos, que todo lo saben, que sentencian, que ensalzan y crucifican a quien quieren y como quieren y te quedas tan sumamente perplejo que llegas a la conclusión de que no han pagado una factura de los restaurantes a los que van, en su vida.


En mi época de trabajar en prensa, recuerdo como nuestro director nunca permitió la publicación de una crítica gastronómica sin traer la factura y pagada, por supuesto.
Para algunos ilustres, sería hora de empezar a pagar alguna factura, es un sano ejercicio que hacemos la mayoría de los mortales, así cuando escriba sabrá de que está hablando.
Marcar como precio medio “50€ sin vino” y hacer una crónica en la que empieza hablando de que ha comido 3 gambas se me hace del todo inverosímil después de seguir revisando nuestra factura que ascendió para dos comensales a la friolera de 225 €, eso sí, una gamba más, !cuatro en lugar de tres! Por favor...
Nosotros tomamos: 

Sonsos (16 €)


 Cuatro gambas rojas (76 €)


 Una lubina al horno (80 €) 


Patatas fritas y padrón (6 €)


 Fresas con nata (16 €) 


Un cava Raventós i Blanc (26 €) dos cafés (4 €)


Usted tres gambas, bígaros, una anchoa, eso sí de primera, mejillones de roca, carpacho de cigala, percebes como pulgares, jajajaja muy bueno, navajas en escabeche tibio, raya en adobo y torrijas amables. Precio medio 50 € sin vino.
A esto se llama engañar al lector y agradecer la invitación al restaurador. ¡Pues adelante!

Yo, desde mi humilde blog, diré a los futuros clientes que el precio medio son más de 100€ y que en lo demás coincido plenamente: la calidad y frescura del producto es excepcional y su elaboración, tengo que reconocer, que sublime.
Sobre las bondades de sus gestores, ya han escrito muchos, bueno todos, no hay nadie que no resalte que Rafa Zafra es andaluz y que ha trabajado con los Adrià, y también que es jefe ejecutivo de Heart Ibiza. La otra parte del tándem es Anna Gotanegra, procedente de una afamada familia de pescateros.
Resumiendo, pequeño pero coqueto local, muy buen género pero cuidado a la hora de pedir algún tipo de crustáceo, lo puedes pagar caro, muy caro.


ESTIMAR        C/Sant Antoni dels Sombrerers 3 · 08003 Barcelona · Telf. 932689197

sábado, 22 de octubre de 2016

SANT GOT


La definición de la propiedad es “snacks y begudes”, es acertada, pero para entendernos se trata de un bar con una pequeña y agradable terraza en el barrio de moda de la ciudad, en el Paralelo, concretamente en la Calle Vila i Vilá, 48.


¿Qué hacer en el Sant Got?, pues probar una de sus sugerencias, quizá como almuerzo también como merienda y por supuesto como un pica pica de noche. Encontraréis muchas cosas por las cuales no os vais a arrepentir; primero la amabilidad, la simpatía del personal, segundo la calidad de los productos presentados y tercero y especial para quien le gusta la cerveza a presión, lo bien que tiran las cañas. Todo ello con productos Italianos de primera calidad.
De primero nos sirvieron un amable aperitivo, un tomate seco relleno de atún y unas olivas con tomate seco.


Como primer plato una Porchetta artesanal con alcachofas y mostaza de Dijon (8 €). Una extraordinaria porchetta, de una indudable calidad, hacen que el plato por sí ya valga la pena, y el toque de la mostaza es un gran añadido. Me gustó. Un 10.


Un Tomino del Piamonte con higos frescos y copa Bresciana (8,5 €). Un queso de pasta fresca semi-grasa elaborado con leche desnatada, un queso que además no tiene corteza con una pasta blanca y muy suave. Dado la suavidad del mismo se agradece la combinación con los higos, bien resuelto.

Piadina Romagnola de jamón y queso (5€). Lo que se conoce como la alternativa al pan en muchos lugares de Italia y se sirve como alternativa al mismo. En este caso relleno de queso stracchino y jamón. En Italia, en según qué zonas, la puedes encontrar como street food y de rellenos muy variados.


Por último una Stracciatella de Puglia D.O.P con tomates y ensalada (8 €), vamos lo que sería la burrata, producida en Puglia y por supuesto con su denominación de origen. Me imagino que el furor del mencionado producto lácteo, las imitaciones, sucedáneos y variaciones están a la orden del día. Un producto muy popular en Italia y que ha pasado a la moda culinaria del mundo entero. Yo me prodigo poco con este producto, 100 gr son 450 calorías pero también es verdad, ¡benditas calorías!


Todo este pica pica fue “regado” con unas cervezas a presión extraordinariamente tiradas, como si de la mejor escuela de Madrid o Sevilla hubieran venido a enseñarles a tirar una birra.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, este link de obligada lectura.
Buon Appetito y feliz trayectoria.


SANT GOT            c/ Vila i Vilá, 48 · 08004  Barcelona · Telf. 645820827

sábado, 1 de octubre de 2016

WAGOKORO


Quizá me enfrente a mi post más complicado, tanto que realmente he pensado dejarlo pasar, pero no sería justo. El restaurante lo merece por su calidad, dedicación, trato y atención recibida.


Es cocina Japonesa, auténtica y sofisticada, y cuando nos salimos de los parámetros habituales “del japonés de barrio” nos entran estas dudas existenciales sobre lo que es y lo que nos han vendido, que es la excelente cocina nipona.
Un mano a mano con mi hija, que la verdad se disfruta y muchísimo.
Pedimos los dos un menú denominado Menú Otsukuri, 47,90 EUR (7 platos, con opcional 1) Pedimos dos opcionales diferentes y probamos 8 platos, cada uno de ellos de una gran calidad.


El restaurante en su denominación ya emana intenciones, Wagoro significa “espíritu japonés” y en su decoración es sencillo, lo importante es la cocina, la materia utilizada y el tempo en el que son capaces de servir 8 platos, sin agobios y sin esperas.
Trataré de relatar lo que cenamos, y pido disculpas por los errores que pueda cometer.
Como primer plato nos sirvieron tres pequeños entrantes que denominan Zensai y que podríamos traducir como Abreboca, que estaba compuesto por tres platillos: nigiri de magret de pato; setas con espinacas frescas y salsa de miso y tortilla japonesa con gambas. Poco que explicar de este magnífico trío de aperitivos, delicados y sabrosos, en especial para mi gusto la sensacional salsa de miso.


Llegamos al segundo plato, los Sashimi, y en nuestro caso fueron de Atún, de Vieira y de Caballa marinada. Todos en mayúscula para que no haya posibilidad de distinción y rango ya que los tres y cada uno de ellos son excelentes.


Tempura de alcachofa, servida con una sal a parte y “librito” (que no creo que sea la palabra) de gambas y flor de Loto. Sea lo que fuere o se llame como se llame, fueron otra grata sorpresa para nuestros paladares. La finura del rebozado y la fritura de la alcachofa, merece una mención aparte.


El siguiente plato consistía en lubina al vapor con vegetales y salsa ankake de wasabi. Con brócoli, tofu, zanahoria, caldo japonés realizado con hojas de wasabi. Otro plato para elogiar, el punto de la cocción de la lubina era extraordinario y los complementos del bol no podían ser más acertados.


Dados de filete de ternera con salsa japonesa. Te piden el punto de la carne, en nuestro caso muy poco hecha, por supuesto. Magnífica la carne y sensacional la salsa que la acompañaba, pero hay que insistir, la carne de por si era pura mantequilla.


A continuación nos sirvieron unos tomates con salsa de sésamo y tofu, edamame, una raíz japonesa de la que no recuerdo el nombre pero con una textura muy especial y por último un tubérculo denominado konnyaku, que es muy similar a la gelatina.


Como final, unos fideos elaborados con té verde, y servidos con un excelente caldo japonés denominado dashi, con huevas de salmón y daikon (que es un rábano japonés). Como me gustaron estos fideos, fue un plato que me sorprendió su potencia de sabor, la fuerza de las huevas de salmón y el colorido del mismo. Otro gran acierto.


De postre, una mousse de yogur y yuzu (que es un cítrico japonés) y todo acompañado por unas bolitas de arroz tostado. Correcto; fin de fiesta.



Esta es la crónica, quizá poco purista, de un gran restaurante japonés. De un lugar discreto pero exquisito, donde estoy convencido de que al salir del Wagokoro tendréis la misma sensación que tuve yo. Que buenos aliados son la discreción y la profesionalidad. Mi más sincera felicitación y mi deseo de volver a repetir esta experiencia tan singular.
Mi agradecimiento a Patricia, sin ella y sin su memoria no hubiera sido posible escribir estas letras.


WAGOKORO      c/ Regás, 35 · 08006 Barcelona · Telf. 935019340

sábado, 10 de septiembre de 2016

EL CAPRICHO

Viajamos de lejos, de muy lejos para probar esta carne de la que tanto y en tan diversos foros se habla. Casi cruzamos toda España junto con nuestros buenos amigos los Torres y los de Moy. Cuando abandonábamos el restaurante nos encontramos a un personaje singular y nos explicó el porqué del nombre.


Una cueva que se cavó a pico y pala durante tres años, tres años seguidos trabajando sin la posibilidad de meter una máquina de soporte o ayuda. Evidentemente, al finalizar el nombre estaba definido y decidido: “El Capricho”.


La carne estaba decidida, a eso vinimos, pero primero llegaron los entrantes sobre los cuales nos dejamos aconsejar, y hay que decir que acertamos en todos y cada uno de ellos.
Una estupenda cecina, la verdad fue sorprendente, al igual que su precio, todo hay que decirlo, tan buena como cara. Repasando la cuenta caigo en la circunstancia de que se trata de cecina de buey Premium.


Unas deliciosas croquetas, melosas, suaves pero de sabor intenso y con un crujiente rebozado. Muy buenas.


Unas fenomenales y extraordinarias alubias de la Bañeza, un plato de cuchara de la zona que para un día feo y lluvioso fue un gran acierto el pedirlo. Al igual que el resto de primeros, muy bien.


Por último en lo referente a entrantes y como plato estrella para varios de los comensales, unas extraordinarias ancas de rana. Con una excelente salsa, un puntito de picante, con ese sabor tan neutro pero a la vez fino y delicado. Estaban geniales y hay que felicitarlos por ello.


Como fin de fiesta el famoso, auténtico, genuino, inimitable chuletón de buey. Sí señores, de buey auténtico, nada de vaca vieja, nada de sucedáneos ni imitaciones, el “buey de El Capricho”.


Nos dejamos aconsejar y así pudimos degustar dos tipos de chuleta. En primer luga,r la Premium, de la que nos sirvieron 2.15 kg y sobre la que poco hay que decir. Solamente a los amantes de la carne roja, que empecéis a organizar una excursión a este paraje de la provincia de León donde creo que nadie puede salir defraudado.
Luego, y al revés que el vino en las bodas de Caná, nos sirvieron la otra chuleta. 1.4 kg de chuleta de buey.


También estaba delicioso, quizá no tan melosa como la Premium pero sí con la misma intensidad de sabor. En ambos casos el punto de la carne era el idóneo.

La diferencia está en el tiempo de maduración, nos comenta la propiedad que en el caso del Premium es de 3 meses en cámara. Hay muchas discrepancias en esto del tiempo de la maduración, pero demos por bueno y certera la fuente, que no es otra que el dueño. Este tiempo de maduración se decide en función de unos parámetros como son la edad, el carácter, trabajo, grasa y raza y en función de todo esto se determina la cámara que necesita el animal. Animales que en algunos casos llegan a pesar 1600 kg en vivo.

Para la realización utilizan brasas de carbón de encina y utilizan una parrilla que dispone de dos alturas. La primera para lo que denominan el templado, la segunda para el asado. Cuando finaliza el asado y está en su perfecto punto se procede al salado.

Todo fue regado con un magnum de Mauro.


En el apartado de postres tampoco se queda a la zaga en lo referente a la variedad y calidad. En nuestro caso degustamos un helado de azafrán, coulis de melocotón y espuma de yougurt.


Flan de huevo, de los de antes, casero y poco cuajado, delicioso.


Torta de buey, helado de galleta con agar de café y espuma de chocolate blanco.


El precio para 6 personas fue de 622 €. Aquí tenéis la cuenta:


Como colofón a esta jornada tuvimos la ocasión de adentrarnos en el campo y poder visitar la finca donde pastan y se crían estas espectaculares bestias, donde su propietario las mima y cuida con una dedicación muy especial. 


Cuando los ves, tan mansos pero tan inmensamente grandes, te das cuenta del porqué tenemos que conseguir poner el apellido correcto a lo que comemos y porqué entre todos tenemos que acabar con el engaño de la vaca vieja, que está muy bien y es en ocasiones dignísima, pero nada que ver con el majestuoso buey Y cuando vayamos a esos asadores tan afamados donde en sus cartas pongan sin ningún tipo de rubor ni vergüenza “chuletón de buey” nos digan la verdad y por lo tanto “al buey lo que es del buey “.



 EL CAPRICHO     Paraje de la Vega s/n · 24767 Jiménez de Jamuz, León . Telf 987664224

sábado, 27 de agosto de 2016

OroViejo

Uno de los descubrimiento de la temporada, y faltaría a la verdad si no adjudicara el mérito a la persona que me lo recomendó. El Sr. Jordi Martín, conocedor como nadie de lo que “se cuece” por esta magnífica, y para mí, entrañable ciudad.


El día de antes de ir a comer, pasé por la noche, me senté en su magnífica terraza y me pedí una copa de vino acompañada con un buen plato de jamón de “La hoja del Carrasco”; bueno, sólo esto ya es una garantía, conozco "la hoja del Carrasco" desde hace años, soy cliente y os puedo garantizar que es difícil encontrar un embutido de esta categoría y, a su vez más difícil aun, ver como un negocio de más de 100 años continua con esas ganas de agradar a sus clientes y trabajar todo lo que nos da el cerdo, que es mucho, con tanta sapiencia y dignidad, que es lo más importante.


Llego el día y entramos en esa sala abovedada tan agradablemente decorada y tan apropiada para disfrutar de un buen almuerzo.
Como aperitivo, la casa nos invitó a un refrescante y sorprendente gazpacho de sandía.


De primero, unos huevos poché sobre patatas chips, crujiente de jamón y virutas de foie.
Yo creo que es de esos platos que ya por si solo su enunciado lo dice todo y más en este caso en que todos y cada uno de los ingredientes mencionados se pueden ver y saborear con total nitidez. Bonito y armónico entrante, a la vez que placentero en su sabor. Todo un acierto.


Tampoco se queda cojo el segundo entrante que compartimos. Se trata de un Pulpo a la brasa con espuma de tortilla, trigueros y pimentón. El pulpo con la potencia que es capaz de darle la brasa, el toque del pimentón y rebajado con la espuma. Sorprendente a la vez que exquisito.


Pasamos a los platos principales, unos lomos de salmonetes, crema de gambas, tirabeques y pan de tinta. Pues más elogios y no gratuitos. Como bien sabéis los que me leéis habitualmente, uno de mis pescados preferidos es el salmonete; es especial y pocos encontraremos en nuestros mares con tanto sabor. En este caso limpios, que es lo incómodo de este pez. Las guarniciones que lo adornaban para nada mataban lo importante de el protagonista, su sabor.


Seguimos con una paletilla de lechazo con patatas panaderas. Nada que objetar, un plato castellano 100% y tratado con la nobleza de la tierra.


De postre compartimos una milhojas de crema pastelera, galleta de naranja y helado de mango. Creo que en esta ocasión puede la propia fotografía explicar los pormenores del postre mejor que yo. Sólo añadiré mi nota. Otro sobresaliente.


Acompañamos esta gran comida con un Carmelo Rodero, “otro buen amigo” que nunca falla.


El precio con cafés y aguas fue de de 109 €.
Visito esta ciudad un mínimo de dos veces al año, y puedo asegurar que desde ya, OroViejo se convertirá para mi, en parada obligada. Sin duda alguna.
Pasear por la ciudad, descubrir sus rincones, que los tiene y a decenas, sentarnos en la Plaza Mayor a descansar y pasar por este local a degustar una buena cena, será el colofón a una jornada inolvidable. De verdad.

OROVIEJO      Plaza San Benito nº 5 · Salamanca · Telf. 923215492


miércoles, 29 de junio de 2016

MOLINO DE PALACIOS

Mucho que escribir sobre un fantástico fin de semana en la vallisoletana población de Peñafiel. Una jornada que se inició con la visita a la magnífica factoría que Santiveri posee en esta preciosa población. Sorprendidos de lo visto, sólo nos quedaba dejarnos sorprender más, y de eso se encargaba nuestro "guía y magnifico anfitrión" Jorge Torres.


Nuestra primera parada fue en el Molino de Palacios, un auténtico y genuino asador castellano del que Jorge nos había hablado maravillas y, la verdad, de manera acertada.
De primero nos sirvieron una magnífica cecina, con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Estaba deliciosa, fina pero sabrosa, fuera de cámara como debe ser y servida a esa temperatura a la que se tiene que servir el buen embutido.


Revuelto de bonetes, setas de la zona, bien presentado y confeccionado; otro gran acierto. Los bonetes estaban también acompañados por unos estupendos espárragos trigueros.


Alcachofas confitadas y servidas con una yema de huevo. Ricas, últimas de la temporada y por lo tanto, apreciadas en su valía.


También compartimos unos tomates ecológicos servidos con su cebolla, un buen aceite y sal Maldon. Nada más, porque si la materia prima es la que es, no hace falta nada más.


Y llegó el leit motiv de la visita. El lechazo,  ese famoso lechazo que ha hecho famosa a esta tierra, ese lechazo que cuando está bien asado y el animal es el que tiene que ser en su edad y crianza, no hay nada que se pueda igualar.
Y doy fe, y lo digo con plena y absoluta sinceridad, que es de los mejores lechazos que he tomado y por mi condición de amante de esta región, por la familiaridad que tengo con ella y porque los orígenes de mi familia están aquí, que sé de lo que estoy hablando. Y es que el lechazo nos es más que eso, primero la materia prima y luego la técnica del asado.
Tierno, jugoso, meloso, sabroso, no me caben más adjetivos y es que aquí saben asar y tienen proveedores de confianza. Felicidades por hacerlo tan bien y gracias por hacernos disfrutar.


El lechazo, del que nos comimos tres cuartos, venía acompañado de su ensalada con cebolla morada y patatas fritas... ¡pero de las buenas!


Para pasar todo esto y estando en el santuario del vino, degustamos un Carmelo Rodero que, como siempre, no defraudó a nadie; y probamos otro vino de la zona que en este caso no lo conocíamos, un Ebano crianza, que suscitó división de opiniones.
Postres varios, caseros todos; en mi caso, un magíifico hojaldre de nata con chocolate caliente.


Un sitio de visita obligada si se está por esta zona porque no sólo se come bien, además dispone de un restaurante que fue un antiguo molino, pasa el agua por sus bajos, y dispone de una preciosa terraza donde poder tomarse una copa junto al río. 


Una remanso de paz para desconectar.
Volveremos.

 MOLINO DE PALACIOS Av. Constitución,16 ·47300 PEÑAFIEL. VALLADOLID · Tel. 646 203 770